No es solo “ayudar a los pobres”: es denunciar y combatir las causas de su pobreza. Anunciar el Evangelio en la tierra a los bienaventurados
San Ignacio de Loyola envió a los primeros jesuitas a “ayudar a las almas”. Hoy, ayudar a las almas significa enfrentar las estructuras que producen sufrimiento.
Como decía Ignacio Ellacuría, mártir jesuita: “La misión de la Iglesia es bajar de la cruz a los pueblos crucificados.”
Redefinir la misión ignaciana implica:
- Denunciar sistemas que generan exclusión
- Acompañar a quienes luchan por sus derechos
- Formar conciencia crítica
- Defender la dignidad humana donde esté amenazada
- Trabajar por la justicia estructural, no solo por la caridad inmediata